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Episodio:

Medea

En este episodio conversamos sobre la tragedia de Medea y algunas de sus representaciones. En la parte de sucesos de ardorosa actualidad nos tocó hablar del caso Marguerite Steinheil.

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Editorial

Hay una plaza, por el centro de la ciudad, que está llena de ficus. Cuando era un muchacho pensaba que la taxonomía del ficus se limitaba a unas pocas variedades de arbustos escuálidos y temblorosos cuyo único hábitat posible eran las salas de espera de los dentistas. La pampa tiene el ombú, el doctor Gutiérrez tiene un ficus, un empapelado color sepia de los años setenta y una hilera de butacas para que espere la gente con dolor de muelas. Pero los ficus macrophylla son enormes, son altos y las raíces marcan una perímetro irregular de cordilleras que le tapan el sol a las hormigas, y por las que saltan los niños cuando juegan a dar la vuelta a la planta gigante sin tocar el suelo. Al lado de la plaza, hay bares, y detrás, una biblioteca que no tiene libros, una sala de luz fría para sacarse oposiciones, exámenes y cosas de esas.

Porque no somos chicos, para andar saltando entre raíces, ni hormigas, para fascinarnos con accidentes geográficos de un plaza, atravesamos la biblioteca y dimos con un salón de actos donde había un tipo diciendo que hay que reivindicar los anacronismos. Y, digamos que no estábamos muy de acuerdo. Pero tampoco sabíamos decir exactamente por qué. Alguno tenía la idea de que el anacronismo es un recurso medio tramposo y divertido para justificar cualquier disparate o para hacer pasar por recurso pedagógico la falsificación de unos títulos expedidos por el ministerio del pasado. Por supuesto, tal vez había en Grecia higueras australianas, aunque ellos no lo supieran, aunque solo llegase a ser cierto hoy. No había más remedio que ir a las fuentes clásicas. Pero, ¿por dónde empezar? Alguien recordó que la mamá de Eurípides vendía perejil, pero otro dijo que eso decían sus enemigos para difamarla, quién sabe, tal vez un cliente de la verdulería que se vengaba por la calidad del género. Bueno, empecemos por ahí, por el perejil, que es una planta pequeña y que a falta de aspirinas sirvió alguna vez para aliviar el dolor de muelas. Empecemos, entonces, por los anacronismos de una obra cualquiera, yo qué sé, por ejemplo, podríamos empezar, por qué no, con la historia de la ex de Jasón, con la tragedia de Eurípides sobre la desgraciada vida de la señora Medea.


Como siempre, cortina de Boris Garcés, también una canción bellísima del mismo joven, titulada Acertijo, y para terminar hubo un Divertimento para caracoles, composición de Diego L. Monachelli. Los divagues corren a cargo de Sebastián Miras, Nelo Curti y Pedro Coiro; los aciertos fueron todos de Juanma Agulles, que en esta ocasión no pudo acompañarnos.